domingo, 17 de octubre de 2010

¡Feliz día a todas las madres!


Un poco de historia

A fines del siglo XIX, Julia Ward Hows inició en Boston un movimiento destinado a rendir homenaje a las madres de la ciudad. Pero fue Ana M. Jarvis, desde mayo de 1907, quien se propuso, tesoneramente, obtener de las autoridades la sanción de una ley que fijara el Día de la Madre.

Tanto bregó y solicitó ante las autoridades, que su iniciativa llegó al parlamento de Filadelfia. Allí, después de considerar la importancia y justicia de este homenaje no vaciló en consagrar el segundo domingo de mayo como el “Día de la Madre”. Poco después, el 8 de mayo de 1914, el presidente de Estados Unidos, Tomás Woodrow Wilson, sancionó un ley declarando ese día “Fiesta Nacional”, “como pública expresión de nuestro amor y reverencia a las madres del país.”

Desde entonces comenzó a celebrarse en Canadá, México, China, Japón y algunos países de Sudamérica y África, extendiéndose a todo el mundo.

Algunos países asocian el día de la Madre, con algún hecho en el que les cupo a las madres, relevante actuación. Así por ejemplo en Bolivia, se recuerda a las madres el 27 de mayo de cada año, ocasión en el que se rinde homenaje a las que murieron el 27 de mayo de 1812 en la defensa de Cochabamba.

En 1941, el Club de Madres, con el apoyo entusiasta de autoridades y pueblo, instituyó el tercer domingo de octubre como Día de la Madre, y en esa fecha también se recuerda a las madres de nuestras grandes personalidades.

Las razones que llevaron al Club de Madres a establecer en esa fecha el homenaje a nuestras madres a “fortalecer los vínculos de familia y enaltecer los hogares de los cuales la Madre es símbolo augusto y viviente”.

Este domingo, Día de la Madre, inspirados sólo en el amor, acerquémonos a ella. A la madre, con una sonrisa en los labios, con alegría en la mirada, con suavidad en la caricia y digámosle casi al oído; ¡Gracias mamá!

Y si está ya lejos… muy lejos, digámosle como en una plegaria: 

¡Gracias mamá!

Mi Canción


Rabindranath Tagore
Mi canción te envolverá con su música, hijo mío, como los tiernos abrazos del Señor.
Te tocará en la frente como un beso de bendiciones. Si estás solo, se sentará a tu lado y te hablará al oído; cuando estás entre la gente, te cercará para alejarte de ella.
Mi canción, cual las dos alas de tus sueños, se llevará tu corazón hasta el fin de lo inefable.
Cuando la noche negra se tienda en tu camino, mi canción será sobre tu cabeza como una estrella fiel. Se posará en la línea de tus ojos y guiará tu mirar al alma de las cosas.
Cuando mi voz se pierda con la muerte, mi canción seguirá hablando en tu corazón vivo.


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