domingo, 13 de noviembre de 2011

Adiós a la amiga

Carta de lectores
Magdalena Ugalde de Zubiaurre
(13-05-1914 -  13-11-2004)

Nos conocimos en la Escuela Nº 1 en el año 1951. Allí surgió una amistad pues compartimos, fe, ideales, tristezas y alegrías.
Nació en Maipú, donde luchó, ejemplificando sus tareas familiares y docentes. 

Contaba doce años al iniciarse como organista de la Iglesia, misión a la que dedicó amor y empeño para alabar a Dios con el canto, formar coros, acompañar Misas y comulgantes y a los que se acercaban al altar a unir sus vidas con nupciales sones.
Siempre incansable en todo, la vida de marucha fue un incansable dar, volcándose a obras de bien, como El Ateneo, El Comedor Escolar, Cooperadoras y donde se la convocara, fiel a su lema; Dios, familia, patria, música.

Compositora nata, sus melodías acompañaron mis letras, logrando una simbiosis en partituras de zambas, marchas, candombes, el “Himno al Padre Golé” (de cuyo colegio fue una de las cofundadoras) y la última creación “Canción del Jardín Maternal Estrellitas.”

Algunas de estas piezas fueron publicadas en el libro “Efemérides para maestros” (Ed. Marymar) del que soy coautora.
Interprete en ocasiones festivas  y también en acompañamientos fúnebres, como en el caso de las exequias de mi madre a quién acompañó con la Marcha fúnebre de Chopin, como ella se lo prometiera.

Directora de Cultura, durante la gestión  Comunal del Sr. Mario Monti, su designación fue acogida con singular beneplácito, demostrando sus cualidades de conducción y conocimientos.

Premiada con la 1º Lira de Honor en nuestra ciudad, su don de gente y señorío quedarán en los que frecuentamos su trato y en la legión de ex alumnos a los que enseñó a amar la música.
Hoy, lamentando su partida, sabemos que nos ve, en gloria, desde el Coro de los Ángeles.
Beatriz Angélica Viglietti de Parisi 
Maipú 13 de noviembre de 2004



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3 comentarios:

  1. Quienes tuvimos el privilegio de conocerla y compartir la hermosa tarea de educar, disfrutamos de una persona excepcional, su alegría de vivir, su espíritu observador, inquieto y luchador, su testimonio de vida cristiano ejercían una atracción especial en lugar donde se encontrara; además, sus manos eran como alas encantadas que se desplazaban por el teclado del piano, arrancándole la más grande variedad de ritmos imaginables que hacían el deleite de quienes compartíamos sus clases.
    ¿Quién de quienes conocimos a Marucha no guarda un grato recuerdo de ella?
    Susana H.

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  2. Es imposible intentar olvidar el recuerdo que, Marucha, aquella mujer que con su trayectoria, rozó la estela de los ángeles, y permitió con esa actitud, cristiana y desinteresada, que todos los que tuvimos el privilegio de disfrutar de su comprensión, su caridad infinita y su música exquisita, que acompañó a generaciones de maipuenses, hoy y siempre viva en nuestros mejores recuerdos. Adiós maestra.

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  3. Para leer más comentarios sobre esta nota ir a http://www.facebook.com/groups/43730461318/

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