viernes, 17 de febrero de 2012

Nuestras leyendas urbanas


SALIO LA LLORONA  ¡¡¡ QUE SUSTO ¡¡¡.


            Corrían los años 1960 en lo que hoy es el pujante Barrio Unión, ya se había inaugurado el asfalto en la calle Rivadavia desde Lavalle hacia Necochea, los chicos del Barrio con un entusiasmo sin precedentes recorrían los talleres mecánicos, solicitando rulemanes en desuso, sino los conseguían en los grandes talleres céntricos como eran los que funcionaban en esos años, la Ford, Ika etc., se dirigían a los otros talleres mecánicos sobre la ruta 2.

            Una vez obtenidos esos trofeos, para esa época, en la cual no todos los chicos tenían acceso a los juguetes, comenzaban a armar con maderas conseguidas en las carpinterías, o de familiares que la facilitaban, los carritos de rulemanes, eran para nosotros lo que el  karting es para los chicos de hoy, los bolilleros chicos iban en la parte de adelante, la cual se guiaba con los pies ,ya que tenían un listón con un tornillo que permitía el movimiento de rotación, los bolilleros grandes iban en la parte trasera, desde donde un acompañante lo empujaba apoyando sus manos en la espalda del conductor.

            Todo estaba listo para la gran carrera. En las noches anteriores alrededor de las 22 horas habían comenzado los entrenamientos, se rumoreaba que salía la llorona pero con el entusiasmo que se contaba en ese momento, nadie se hacía problemas.

            La carrera se largo de la calle Rivadavia 160 hacia la esquina de la calle Necochea. Alrededor de media docena de carritos participaron en el asfalto nuevo, el ruido era ensordecedor al llegar a la esquina, ante el alerta de uno de ellos, los ganadores giran la cabeza hacia la calle Sarmiento, que por supuesto estaba bastante oscura en esos años,  y uno de los chicos grita:
¡¡¡ La llorona ¡¡¡…
Se alcanzó a ver un cuerpo grande con unas sábanas blancas que se movían hacia arriba, largando un gemido impresionante y llorando a los gritos ¡¡¡ Mamita que susto ¡¡¡ había salido de un terreno lindero al oscuro, hoy frente a ese lugar se encuentra una panadería.

         Por supuesto con semejante susto, a  uno  de los chicos no le salían las palabras, había quedado mudo, todos disparaban, algunos alcanzaron a arrastrar los carritos, otros los abandonaron gritando
¡Vamos a lo de Corral!
Esta era una familia que vivía en la calle Rivadavia al 111, cuya dueña de casa permitió que entraran algunos de los chicos a su casa.

       La noche siguiente los chicos salieron a la calle acompañados por los padres con perros, palos y demás enseres para castigar la posible aparición.
  Pero…  ni rastros de la llorona.

       Se comentaba que a un señor que vivía en la calle Rivadavia 130 le molestaba el ruido de los carritos de rulemanes, y mando a otra persona para asustar a los chicos de esos años.
Lo real de esta investigación es que la persona que se disfrazó de llorona hoy esta

” Vivito y colendo”, en una ciudad vecina.

Investigación Histórica: Carlos Alberto Santarone
                                                                                                 Maipú:25-05-2011  


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