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jueves, 14 de enero de 2016

Nuestra laguna Kakel Huincul




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miércoles, 22 de octubre de 2014

Colaborando con otros Museos de la región

Nuevamente un integrante de nuestra CD, aporta sus conocimientos en la organización de Museos, esta vez…



Desde el Museo y Biblioteca “Pte. Juan D. Perón” de la ciudad de Lobos en la Pcia. de Buenos Aires, desde donde fue convocado, el Encargado de la Sala de Armas de nuestro Museo, Sr. Jorge Omar Theiller, tesorero, a su vez, de nuestra CD, para clasificar  las armas que esta Institución posee.

Para nosotros es motivo de satisfacción y orgullo destacar estos hechos que hacen a nuestro accionar dentro de un Museo y que nuestros integrantes sean reconocidos en lugares tan importantes como el presente Museo que está ubicado nada más y nada menos que en vieja casa donde naciera el ex presidente Perón, en aquella ciudad. Tratándose, además, de las armas donadas por el ex presidente.

El otro motivo para destacar es que esta clasificación se llevó a cabo en el año 2008 y el Sr. Jorge Omar Theiller nunca nos había comentado sobre la misma., solo a requerimiento nuestro accedió a solicitar el presente certificado donde consta su actuación.



Desde El Amigo saludamos a nuestro compañero y lo hacemos saber a nuestros lectores con gran satisfacción.

Museo y Biblioteca Pte. Juan D. Perón


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sábado, 5 de abril de 2014

Pinceladas de los barrios maipuenses





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lunes, 2 de diciembre de 2013

El Rancho de Tito




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viernes, 28 de junio de 2013

Romance del canalito

        

        
        Después de varias semanas, de mucha lluvia, una tarde primaveral del mes de octubre, salgo a caminar por la verde pradera que rodea a la ciudad, con la sola compañía de un cuaderno y un lápiz, hermosa tarde soleada, me llego hasta las barrancas del canalito que pasa por detrás del cementerio, distante unos pocos kilómetros de la ciudad, me siento sobre una mata de pasto, a orillas del cajón…

        En un silencio profundo, llorando, van las aguas por el canalito, arrastrando en la superficie trozos de palos y ramitas, que vaya a saber uno de donde vienen y cuál será su destino, las ranitas jugueteando, las aguas las van llevando, que alegre será su vida, saltando, siempre saltando, porque el canalito las lleva.

        La quietud de la tarde, es quebrada de tanto en tanto por unos teros que revolotean sobre mi cabeza, tal vez por la proximidad de sus nidos. Mientras sigo caminando por el borde del canalito, sorteando matas de pasto y cardos, me oxigeno con la fragancia que traen las flores rusticas del campo nacidas al borde del canalito y cuando la tarde va cayendo, el último silencio lo rompe el volido rasante de alguna poriz que se hace perdiz en la distancia.

        Cuenta el agua su leyenda corriendo por el canal, es tan largo su camino, que no encuentra el final.

        Al agua yo le pregunto, porqué el canalito la lleva… tal vez me responda… algún día… Quizás un día que llueva.

        Así, este caminador de la soledad, ha pasado una hermosa tarde, en un mano a mano con la Naturaleza, que dice cosas, con su espejo natural de la vida.

                                                                   

                                            Rogelio Hann – Maipú: mayo de 2013.

Canalito: este relato está centrado en el canal de desagüe de la otrora laguna "de los difuntos", que en su momento fue construido para evitar la inundación de la ciudad.

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domingo, 28 de abril de 2013

Las calles y sus referencias






No sé si a Ud. le ha pasado,
que un forastero en pregunta,
ha puesto en brete una consulta,
para encontrar un domiciliado.

Se me ocurrió, yo digo,
es de difícil imaginar,
tal vez buscar un familiar
o visitar un amigo.

Viajante parecería
camionero, transportista;
no tiene pinta de artista,
a dejar mercadería.

El hombre sin intención,
pregunta calle y altura,
de un papel hace lectura,
leyendo la dirección.

Uno empieza a titubear...
es esa la de la estación,
va a ver parado un vagón,
de la altura ni que hablar.

La Sarmiento... la Sarmiento...
es la que cruza la plaza,
en la esquina hay una casa,
lo acompaño. El Vencimiento ¡

Alsina, la de la iglesia,
hay tres clubes y un destino.
esa lo lleva al camino,
en números yo tengo amnesia.

Si pregunta por Lavalle,
no sé si la tengo en mente.
claro porque antiguamente
“Los Naranjos” era esa calle.

Rivadavia es la que tiene,
Municipalidad incorporada,
la casa de la milicada,
la que más limpia mantienen.

La Belgrano es sobre donde
paran micros de todo rango,
es la que al barrio del chimango;
da el populoso nombre.

domingo, 24 de marzo de 2013

Vino... latas... y algo más...


Pinceladas maipuenses

Allá por el año 1940 y tantos estaba el almacén de Ramos Generales “Casa Bernardo López e hijos” (*), fuerte negocio para esos tiempos… leña, carbón, maíz, pasto y demás.


Éramos muy amigos de la familia López, en mis días libres yo me la pasaba en el almacén, ayudando a despachar a los hermanos.

Llegó una época que en el pueblo no había vino en ningún negocio, la Casa López tenía un viajante de Mendoza que les vendía el vino, Toro, Arizu, y el blanco Globo, todos muy buenos vinos.

Llega un día el viajante al negocio  y pregunta si necesitaban vino. Don Bernardo López en tono de sorna le contesta.

-      -    Como el pan de cada día.
-      -     Entonces cuantas bordelesas necesitan, son de 200 litros cada una.  -  Pregunta el viajante.
-          Diez de tinto, diez de blanco y 5 de clarete  -  le contesta Don Bernardo.

Se imaginan, el vino venía desde Mendoza por ferrocarril, tardando algunos días en llegar y a veces  semanas. Mientras tanto la gente visitaba todos los días el negocio para saber cuándo llegaba el tan ansiado envío.

Así las cosas, una mañana temprano aparece en el negocio la tan esperada Carta de Porte del ferrocarril, donde se anunciaba que el vino había llegado a la Estación.

Nadie se puede imaginar lo que pasó los primeros días en el almacén, cualquier recipiente era bueno para llevar el preciado líquido, latas, latas de kerosene, ollas, botellas de cualquier tamaño y modelo, jarras hervidores y aunque no se pueda creer una señora llevó…

¡UNA “PELELA”!,  Eso sí…muy limpita y bien envuelta.

Doy fe de esto porque yo la atendí.
Antigua Bazinilla o taza de noche de porcelana.


Cosas que pasaron en mi querido Maipú, en un negocio de primera… CASA BENARDO LÓPEZ e HIJOS, ubicado en la esquina de Pellegrini y Madero.
                                                                                                                  Rogelio Hann.
                                                                                                             Maipú: Marzo de 2013



(*) El autor se refiere aquí a la “Despensa Maipú” de Bernardo López e Hijos ubicada en la esquina citada en la nota.

(**) “Pelela” Es el nombre popular con que se conoce en nuestro país a la bazinilla o taza de noche.

(***) Bordalesa es el nombre con que se conoce la barrica, cuba o tonel.

Para más datos sobre este negocio clic aquí



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Otoño en Dolores

Dolores, Mi ciudad…
Nuestro amigo, Diego Sebas, gran colaborador de todo lo que tiene que ver con la cultura de nuestros pueblos nos envía esta poesía donde nos demuestra, que a pesar de la distancia, no olvida su tierra natal.

* Dolores, Pcia. de Buenos Aires, Argentina, a 200 km. al sur de la Capital Federal y a 200km antes de llegar a 'La perla del Atlántico', Mar del Plata, por la AU2.


OTOÑO EN DOLORES

En cada otoño Dolores resplandece.
El aire, ese espejo quejumbroso,
se hamaca juguetón entre las ramas
para aliviar el duelo de las hojas.

La llanura seguirá siendo llanura
aunque el hombre la cubra de cemento
y cada mañana
exhalará su aliento neblinoso
sobre la piel dorada de los campos.

Cuando el verano sólo sea
un recuerdo de tibias añoranzas,
quedará en el suelo una plegaria,
un viejo sueño,
un grito agudo, vacío, despojado…

Le queda justo a Dolores el otoño.
Desde el hondo secreto de las casas
se levanta un perfume a flores nuevas,
flores de piel curtida
y suave corazón de terciopelo.

De pronto,
la luz se torna íntima,
el cielo, oscuro y misterioso
y del claro paisaje sólo queda
la sombra enflaquecida de los árboles.

La pampa es un presagio inexorable,
el rostro mudo de Dios
sobre el silencio colosal de los sepulcros.

El hombre mira y piensa:
“Le cae bien a Dolores el otoño.”

Dora Ponce.


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martes, 20 de noviembre de 2012

Día de la soberanía

20 de Noviembre
Combate de la Vuelta de Obligado


….”Los argentinos demostramos que no somos empanadas calientes
que se pueden comen de un solo bocado…”


                   Los siglos XVIII, XIX y XX fueron muy prolíferos en materia de nacimientos de naciones, de nuevos estados. Pero, ¿qué impulsaba a los diferentes pueblos a separarse, a rebelarse de sus antiguas organizaciones políticas?- Ningún acto humano se produce porque sí , responde a una reacción , en este caso , ante lo considerado injusto , ante la ausencia de consideración, ante la opresiva soberbia ejercida por la clase dominante.

                    Los derechos son esos bienes que tienen todos los seres humanos pero, a veces, son restringidos o anulados. La lucha por los derechos responsables ha sido una constante en la historia de la Humanidad. Los ideales de construir una sociedad nueva, mejor, más justa, prendieron con más fuerza en los siglos anteriormente mencionados y se difundieron por el mundo.

                   El riesgo que corría cualquier sociedad naciente era altísimo. Se desafiaba el poder y los intereses establecidos por decenas o centenas de años. Siempre existía el temor  creciente de aquella masa popular que había acompañado inicialmente cualquier revolución pero que,  desgastada por la presión y los años iba perdiendo fuerza.

                  Todo cambio, toda revolución, comenzaba con gran impulso, pero estas acciones no se consolidan en forma inmediata, requieren de un proceso largo  para lograr el objetivo final que es ese cambio profundo surgido de los ideales. Dentro de ese proceso es necesario lograr una cohesión dentro de los habitantes comprometidos con ese cambio, cohesión que se logra aunando elementos que hacen a un todo como sociedad organizada e integrada a determinado ideal de vida. Esos elementos son diversos pero van conformando la fuerza que lleva a que el ideal se transforme en una acción mejoradora de esa sociedad. Para enunciar algunos tomemos como ejemplo las costumbres y los personajes colectivos que impulsaron inicialmente el proyecto ; el idioma legado, que es uno de los factores imprescindibles para esa cohesión tan necesaria y que puede hacer perdurar en el tiempo esta nueva sociedad y su desarrollo pleno, es quizás el elemento primordial al que hay que cuidar, respetar  y enriquecer  día a día y sentir que es parte de nuestra identidad.
           
                       20 de Noviembre de 1.845 , Vuelta de Obligado, decenas de muertos , mujeres, hombres , que dejaron para sus compatriotas contemporáneos y para nosotros el eterno orgullo y agradecimiento por su sacrificio y al ¡ NO ¡ que le impusieron a esas fuerzas poderosas del vasallaje y el atropello, obligándolos finalmente a desistir de la invasión y a pedir perdón a un pueblo soberano.
                      
                        La razón, la justicia y ese equilibrio necesario entre las naciones, es el único imperio que puede ser aceptado por una Humanidad  llamada civilizado.Con ese convencimiento se encontraba nuestro país en ese mundo de 1.845, construyendo esa dignidad que permitía multiplicar las fuerzas. Con ese mismo convencimiento escribió José de San Martín desde su exilio:

” Los argentinos demostramos que no somos empanadas calientes que se pueden comen de un solo bocado…”
 
20 de Noviembre de 1845 - 20 de Noviembre de 2012

Adolfo Francisco Nieto

Centro Cultural Cabildo


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domingo, 18 de noviembre de 2012

Mis recuerdos de Monsalvo (última parte)

El cartel anuncia la llegada, aquí comienza la aventura
que nos relata la autora.

La Escuela Nro 16 de Monsalvo en el año 1964 era una casilla prefabricada. Estaba ubicada en un terreno cercano a la estación de ferrocarril circundado por un alambrado con una tranquera como puerta de ingreso al predio. La casilla estaba sobre elevada, tal vez para evitar la humedad del suelo, y contaba con una escalerita de tres peldaños como acceso a una de las dos puertas del aula. La otra puerta, ubicada al fondo del salón, permanecía siempre cerrada ya que era difícil abrirla.

            Dos hileras de bancos, un escritorio y un armario desvencijado constituían el único mobiliario del lugar. Una estufa de seis velas que no siempre funcionaba se observaba en un rincón. En el armario convivían unos pocos libros, algunos mapas, la bandera, unas cajas de tizas, alcohol de quemar, fósforos para encender la estufa y un frasco con cacao o cascarilla para preparar la merienda de los chicos en uno de los recreos.

            En la parte de atrás de la casilla había un único baño muy pequeño de cuyo aseo debía ocuparme. Un pastizal rodeaba la casilla de modo que con una guadaña y la ayuda de los chicos y de algunas ovejas que pasaban el alambrado lo fuimos mejorando. Con frio, con fuertes vientos o cuando el sol calentaba al mediodía, ahí estábamos todos listos para izar la bandera que ondeaba al frente de la casilla. Esta situación cambiaría en el futuro, aunque yo no fuera testigo, con el dinero que envió el Ministerio para la construcción de la nueva escuela.

            No recuerdo la cifra, millonaria para la época, en la que un cheque a mi nombre llegó un día, destinado a la compra de materiales de construcción. Para hacerlo efectivo, en el Banco Nación, tuvimos que presentarnos con el tesorero de la cooperadora de apellido Quiroga. El era un señor de contextura robusta, que se hizo presente vestido para la ocasión con camisa blanca, alpargatas negras y bombacha bataraza. Ambos tuvimos que ir en compañía de mi padre porque, dado que yo era menor de edad, no podía recibir tamaña suma.

Estación Monsalvo en la actualidad, eje del relato pues la escuela
como cuenta la autora, estaba en el mismo predio.
El Registro de Asistencias presentaba alrededor de veinticinco alumnos, un buen número, pensé yo. Con el correr de los días sólo llegaban doce a lo sumo quince. Mirando con más detenimiento encontré más de cinco con el apellido Vega, eran algunos de los muchos hijos del único policía del lugar que vivían frente a la escuela. Al principio no comprendía tantas ausencias,  luego alguien dijo: “son alumnos de palo, de vez en cuando poneles el palito de presente. Si son tan poquitos nos cierran la escuela”. Ahí aprendí cómo un pequeño guiño justificaba nuestra presencia allí.

De los alumnos presentes, dos a lo sumo tres estaban en el mismo grado y, por tratarse de una escuela unitaria, había que hacer maravillas para responder a todos a la vez. De primero a sexto, de diferentes edades, de distintos intereses y saberes previos, significaba que tuviera que aprender a trabajar simultáneamente con todos ellos. Atrás quedaron las prácticas de enseñanza en la Escuela de Aplicación de la Normal, los planes de clase que tan minuciosamente preparábamos. Esta era una realidad diferente.

   Los alumnos que concurrían a clase también eran distintos
, a los de la escuela de Aplicación me refiero, ya que la vida en el campo hacía de algunos de ellos hombrecitos en miniatura. Recuerdo que un pequeño de anteojos que ocupaba el primer banco terminó su tarea de los primeros grados y, en tanto atendía a otro alumno,  le sugerí: hacé un dibujo de lo que te guste que ya estoy con vos. Con mucha seriedad contestó: “a la escuela no me mandan pa´ hacer dibujos, me mandan pa´ leer, escribir y hacer las cuentas”. Sin más, obedecí y llené su hoja de cuentas.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Mis Recuerdos de Monsalvo (Parte I)

"... Segurola y Mari Huincul eran palabras que me resultaban
familiares..."

La escuela Nro. 16 de Monsalvo fue mi primer trabajo como maestra, en este caso, rural. Aunque parezca extraño, conocía el lugar aún sin haber estado antes allí. A través de los relatos de mi madre, me había formado una imagen de los montes y las lomas de la estancia Miraflores.  Segurola y  Mari Huincul eran palabras que me resultaban familiares, aunque tal vez fueran sólo eso, desde mi infancia.

Mi mamá, conocida como la China Lora, era una de las dos hijas mujeres de una familia numerosa que se completaba con siete hermanos varones. Mis abuelos Zacarías Lora y Petrona Sasiain eran gente de campo que vivieron  y criaron todos sus hijos en la zona de Segurola. Según relatos de mi madre, ella trabajaba en la Estación “llevando las guías” en las que se registraba la movilidad del ganado. También se encargaba del telégrafo y se ufanaba de ser una de las “más leidas” del lugar. Eso si, gracias a su maestro Don Pedro Guma, a quien siempre recordaba y agradecía por haberla formado hasta su escaso 6to. grado.

Fue en un baile de Monsalvo donde conoció a mi padre, don Eustaquio, a quien todos conocerían más tarde como Taco Etcheverry. El había nacido en Madariaga como uno de los doce hijos de don Pedro y doña Juliana Orayen. También hombre de campo y vasco cabeza dura, abandonó tempranamente su casa paterna y, con el único capital de una vaca que le había regalado la tía Julia, salió a buscar conchabo por la zona. Así fue como, trabajando como puestero en una estancia cerca de Segurola, conoció a mi madre en uno de los “famosos” bailes de Monsalvo. Luego se mudaron a Maipú donde vivieron hasta su traslado definitivo a Mar del Plata.

Mi padre era un hombre parco de estricta conducta que confrontaba con el carácter alegre y jovial de mi mamá. Ella era muy locuaz y le encantaba hablar de sus andanzas de juventud que recordaba plagada de anécdotas y personajes de la zona y de la época. A tal punto que Juancito Barbieri recurre a ella  cuando escribe su libro “Maipú. Por tus primeros cien años” en busca de registros que nutrieran su bibliografía. Así es como encontramos en  la página 22 del citado libro  una ilustración titulada “Churrasqueando en la Estancia Mari-Huincul” en la que aparece mi bisabuelo Emilio Lora.

Por su parte, a pesar de su rostro adusto y su escasez de palabra, el viejo Taco era una persona muy apreciada en la zona de Segurola y Monsalvo en la década del 60. Trabajaba como Inspector Municipal en épocas en que el Municipio estaba a  cargo de don Pedro Gonzalez y de don José Elizondo. Tenía a su cargo las cuadrillas que se ocupaban de mejorar los caminos de tierra que unen Maipú con esos parajes  y de que estuvieran en condiciones transitables para los lugareños, luego de las fuertes  lluvias.

Fue con él, a bordo de una vieja camioneta Chevrolet verde del Municipio que, cargando un bolsito con algo de ropa y un bagaje de conocimientos que había recibido en la Escuela Nacional Normal de Maipú, con sólo 17 años, me atreví a aceptar mi primera suplencia como maestra, directora y también portera de la querida Escuela Nro. 16 de Monsalvo, en el Partido de Maipú de la Provincia de Bs.As. 
 (Continuará)
Para ver más fotos que grafican la nota, clic aquí

Lucía (Ketty) Etcheverry
Mar del Plata, 15 de octubre de 2012


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viernes, 12 de octubre de 2012

Sastrería de Cora y Marico Bufarini

"...mi viejo con Yoyi se dedicaron a la despensa,
 pegada al Club Independiente..."
Mi viejo, Cora, aprendió el oficio de sastre a los 12 años con un Sr. Carrano, que vivía detrás de la vía y es el padre de un carpintero que vivía en Maipú hasta que yo me vine para Mar del Plata, luego se fue a vivir a Madariaga donde siguió aprendiendo el oficio con un Sr. de apellido Zalguisuri.

 Tuvo allí, una sastrería con su hermano Alfredo, con quien tiempo después se radicaron en Mar del Plata abriendo allí una sastrería, la que estaba ubicada en la cuadra del Club Quilmes, en la zona de Luro y Guido. 
Posteriormente mi viejo se volvió a Maipú y ya casado pusieron una sastrería con su hermano Marico en un local pegado al desaparecido Hotel Luna y a lo que es el estudio de los abogados Fahey, frente a Blanco y Negro y Casa Olariaga. 

El lugar se caracterizaba por ser convocante de tomadores-cebadores de buen mate amargo, fanas de Gardel - Pugliese- River y de charlas de fútbol, aunque el trabajo nunca se dejaba de lado. También fue un poco la residencia temporaria de quienes venían trasladados en el ferrocarril y paraban en " La comuna" como de aquellos que venían a trabajar al Banco Provincia por caso, Mauricio Arber y Juan Carlos Gale, dos tipos que parecían de la familia. 

La sastrería era "sede" del Club Deportivo Maipú, lo más para los Bufarini, y ahí se hacían las famosas " pollas " con los resultados de los partidos del domingo, día único en el que se jugaba el campeonato. Al término de los partidos llegaba el momento de abrir el sobre lacrado con las apuestas y verificar uno por uno los resultados de cientos de cupones para ver quién se llevaba parte de la recaudación, que religiosamente se pagaba en la misma sastrería a partir de la mañana del lunes. 
Pita y Chungo Bustamante, Bocha Rech, El Pampa Uría, Lito Ramos, Yoyi Rech, hermano del alma y socio comercial de mi viejo, Horacio Ponce y tantos otros que siempre pasaban un rato por la Sastrería de Cora Y Marico, como se la conocía, sin olvidar al “mudo” un lustrador y vendedor de billetes que también hacia un alto en cada mañana. Luego de una parva de años como socios, mi viejo con Yoyi se dedicaron a la despensa, pegada al Club Independiente y Marico puso su sastrería en calle Ramos Mejía, entre la herrería de Pedrin Duhalde y lo de Julio Giaccosa, en donde estuvo hasta que el "bobo" le jugó una mala pasada. 

La sastrería era el lugar donde se hacían los sacos y mi madre Leonor se encargaba en casa de hacer los chalecos y los pantalones, en lo que hoy sería una pyme familiar, además de cumplir con los quehaceres domésticos y encargarse de criar a tres hijos varones.

También mi madre hacia lo mismo para las sastrerías de Berto Carrano, Carlos Bertarelli y Rubén y el Chato Casado. Eran épocas en que el traje, de tres piezas se hacía a mano, con varias puebas previas al toque final, y donde los afamados casimires Wells le aportaban calidad al producto.

                                             Juan Carlos Bufarini Cortez  
                                               Mar del Plata; septiembre de 2012.

Agradecemos a nuestro amigo Juan Carlos por el envío de este relato que obtuvimos mediante los buenos oficios de Jorge Ávalos, quién hizo de intermediario para conseguirlo. 
  
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sábado, 28 de julio de 2012

Del Maipú de hace treinta años

De la serie, Reportajes olvidados
Hoy publicamos


Del Maipú de hace treinta años




Breve reseña del caracterizado vecino Sr. Andrés M. Curuchet.

Plaza San Martín en 1929. Foto tomada desde el techo de la Municipalidad se puede
observar la calle abierta al centro que la comunicaba con la Iglesia católica.
Foto de Revista Agraria de 1930.
                Con el fin de que nuestros lectores puedan darse una idea de lo que era Maipú hace 30 años, pediremos a caracterizados vecinos de este pueblo, una breve reseña, que iremos publicando periódicamente.  

Convencidos que estos recuerdos vertidos por boca de personas que lo conocieron entonces en sus diversas fases, ha de agradar a todos los habitantes de este pueblo, por eso es que, para dar curso a nuestros propósitos nos atrevimos a entrevistarnos con el Sr. Andrés Curuchet, honorable vecino, que con su gentileza característica accedió gustoso a contestar nuestras preguntas.
El desarrollo comercial de Maipú, y uno de sus comercios que marcaron una
 época en ese desarrollo.

-¿Me pregunta Ud qué era Maipú hace 30 años?
Le diré: un pueblo ya culto, simpático, con sociabilidad propia, con fisonomía de pequeña ciudad, muy visitado por personas que aprovechaban el empalme de trenes  y por gente que en las “galeras” o en sus propios carruajes, viajaban a sus estancias en este partido y los de Tuyú y General Lavalle.

                Las mañanas del Maipú de hace 30 años estaban embalsamadas por la esencia de los numerosos eucaliptus de la plaza “San Martín”, que años después fueron derribados para modernizar esa plaza, siguiendo esa ley constante y de carácter ineludible, que impone la evolución.

                Sociedad atrayente, damas y niñas con caracteres propios de amena cultura y de temperamento amable, fino y cordial, que dejaba en el ánimo del observador, grata impresión.

                Los hombres también pugnaban por el progreso y se preocupaban por el bienestar de la población.   Era, pues, una sociedad de arraigo, con amor al pueblo donde se nace o se vive en sociedad; con los elementos materiales y morales que la vida en común requiere, sin pasar por esa larga cadena de niño, que para su selección y cultura propia, eligen otros pueblos de campaña.
Otro de los comercios que marcaron la vida comercial de Maipú, en esta foto del año 1900, ubicado en la esquina de Madero y Alsina, propiedad de Arnozzi y Corti (hoy inmueble desocupado)
                Belisario Roldán, que en esa época recorría la provincia, dando sus célebres conferencias y que aquí nos obsequió con tres, me decía: en mi larga travesía por tierras de esta provincia, no he encontrado un pueblo pequeño tan culto, tan abierto a las expansiones del sentimiento y de la inteligencia.   Y tenía razón; dio aquí sus conferencias en medio de una atención que fue un reconocimiento respetuoso para el gran orador y exquisito poeta.

                -¿Cuál era el aspecto comercial de Maipú hace 30 años, Sr. Curuchet?

                El aspecto comercial de Maipú era en esa época el de un pueblo que trabaja con constancia y con afán, pero sin esas nerviosidades y deseos de hacer rápida fortuna que caracterizaron  a algunos pobladores de otras localidades.    

                  Maipú se conformó con la lógica recompensa que se obtiene entre la oferta y la demanda, sin variar de especulación y es por ese fenómeno, que parecería retardatario, que su comercio se ha mantenido en pie, salvo casos aislados a través de las grandes crisis que en otros pueblos han producido la quiebra y la bancarrota.  Y esa característica laboriosa y prudente se ha mantenido en nuestro pueblo hasta la fecha, pues hoy como ayer, permanece en pie y ha hecho frente a la terrible crisis que vamos, felizmente, pasando.
                Teníamos y tenemos, pues, un comercio sano.
                ¿Las fiestas de entonces?   Las tradicionales romerías; bailes temporarios en el salón de la Sociedad Italiana, para los cuales formábamos comisiones de caballeros que corrían con la organización y en algunos casos de familias.

                No teníamos entonces, ni luz eléctrica, ni radio, ni foot ball, ni autos.  Y sin embargo, estábamos contentos.

                En los días de elecciones, contemplábamos un aspecto pintoresco: las mesas se instalaban en la plaza “San Martín”, a la sombra protectora y fresca de sus grandes y hermosos eucaliptus; allí instaladas, funcionaban de 8 de la mañana a 4 de la tarde, todo tranquilo y en paz.

                No había entonces, tampoco, ni voto secreto ni cuarto oscuro.
                -¿Está Ud satisfecho del ejercicio de su profesión de Escribano Público durante tantos años en Maipú?

                Muy satisfecho.  Y conste que no me refiero sólo a los resultados pecuniarios, sino a las vinculaciones sociales y morales que me han ide3ntificado con la vida de Maipú.   Aquí constituí mi hogar; aquí nacieron mis hijos, aquí sigo ejerciendo mi profesión desde hace un tercio de siglo, y aquí está lo mejor de mi vida: el calor del nido y el recuerdo de los esfuerzos y de la labor realizada, que lo bañan con su propia luz.

Reacción.  
Periódico independiente. Maipú. Setiembre 6 de 1934.



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